
¿Por qué las verduras no crecen en el supermercado?
En tiempos de crisis políticas y económicas, el mundo suele fijarse primero en las gasolineras. El combustible escasea, las filas son largas. Pero, como recuerda acertadamente el padre Hernán Tarqui, quien trabaja incansablemente al servicio de los más pobres en las montañas bolivianas: «El combustible no se puede ni beber ni comer». El verdadero desafío, el existencial, se hace evidente mucho más rápido en los platos: faltan verduras y frutas frescas.

La ilusión del abastecimiento urbano cómodo
Debido a las comodidades de la vida moderna, nos hemos ido sumiendo poco a poco en una dependencia peligrosa. La comodidad de hacer compras en los supermercados de las ciudades ha hecho que nuestro propio abastecimiento autónomo haya quedado cada vez más relegado a un segundo plano. Hemos olvidado cómo trabajar directamente con la tierra, porque las cadenas de suministro nos han hecho creer en una aparente invulnerabilidad. Si este sistema se derrumba, las ciudades se quedarán sin nada.

Sin embargo, en medio de las áridas regiones andinas de Bolivia hay un movimiento que parte precisamente de ahí y pone en práctica una alternativa.

La escuela como núcleo del futuro
Mientras los adultos en las ciudades luchan contra las dificultades, las escuelas en las montañas de Bolivia llevan mucho tiempo siguiendo un camino diferente. Preparan a los niños de manera muy práctica para la vida real.

«Desde hace mucho tiempo se les enseña a los niños que las verduras no crecen en el supermercado».

En los huertos escolares y a través de clases prácticas, los niños aprenden desde pequeños a sembrar, cuidar y cosechar. Comprenden el ciclo de la naturaleza y el valor inestimable de la tierra. Este conocimiento no es un lujo teórico: es un seguro de vida y un acto de autodeterminación.

Salir fortalecido de la crisis: volver a las propias raíces
Cada crisis también nos sirve de espejo. Nos obliga a detenernos y a cuestionarnos cómo vivimos. La situación actual es dolorosa, pero encierra una gran oportunidad.

Repensar la regionalidad: La independencia de los mercados globales o centralizados empieza a pequeña escala: en el propio jardín o en la comunidad del pueblo.

Preservar y transmitir el conocimiento: El conocimiento tradicional sobre el cultivo que aún poseen las personas de las montañas debe protegerse y difundirse de nuevo ampliamente.
Valorar lo esencial: los alimentos no son una mera mercancía, sino la base fundamental de la vida.
Las palabras del padre Hernán desde las montañas son un llamado de atención para todos nosotros, mucho más allá de las fronteras de Bolivia. Si recordamos nuestras raíces y aprendemos a volver a ser autosuficientes, cualquier crisis pierde parte de su terror.
El padre Hernán Tarqui al servicio de los más pobres en las montañas de Bolivia

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